En los últimos días, es común en las conversaciones de las personas tratar de llegar a la conclusión sobre las razones de la terrible y nefasta realidad que estamos viviendo. Que si los hombres, las mujeres, la corrupción política, precariedad económica, la delincuencia que genera tanta inseguridad… etcétera.
En ese sentido, sorprende ver cuan grande es aquel dicho que reza:”todo dependerá del cristal con que se mire”; si bien las razones anteriores no son infundadas; en mi “cristal”, veo una falta de humanidad que traspasa los límites; teniendo como resultado una falta de valores en la gente y la sociedad que ha generado un caos en la convivencia pacífica que deberíamos vivir.
Falta de consideración, respeto, empatía, tolerancia; sumados a la imprudencia, egoísmo, ambición, son sólo algunas de las características de nuestra nueva generación (sin importar origen étnico o cultural), en algunos casos están siendo bien aprendidos por los mayores, y que se están convirtiendo cimientos para una nueva normalidad social, que pretende ser definitiva.
Es necesario un ejercicio de introspección personal, para reflexionar en qué podemos aportar a las nuevas generaciones que surgen para poder hacer de esta sociedad una en la que podamos convivir en paz con un equilibrado ejercicio de los derechos y deberes que dicha convivencia conlleva; no creo se tenga que ser padre o madre, servidor público mucho menos celebridad, para contribuir con la obra.

Todos podemos ser divulgadores pacíficos del bien; grandes lecciones de vida se dan sin palabras, me gusta pensar que estamos a tiempo.
Lily Corniel. “La vida es un ratico.”
“Veo humanos, pero no veo humanidad”
El principito. Antoine de Saint Exupéry.